martes, 26 de abril de 2016

EPITAFIO



Solo le quedaba aquello que deseaba perder, la conciencia.
Una lágrima se columpiaba por su párpado inferior.
Cerró los ojos y la gota salada se fundió con el mar.
Se dejó llevar por las olas.


Juan Carlos Vázquez

domingo, 24 de abril de 2016

LOCOS, SÍ; PERO PREFERIBLEMENTE DE REMATE

Autorretrato de un loco, técnica mixta
La medicina antigua creía posible la separación de cuerpo y mente, de alma y cuerpo. Esa ciencia que creía tener explicaciones para todo, incluso para los problemas sociales, llamados por ella enfermedades sociales. Desde la ciencia, estos arcaicos padres del mundo creían tener el poder de, a través de las causas positivas de los problemas, crear las pócimas necesarias para sanarnos, corporalmente, mentalmente y socialmente. Una ciencia incontrolada porque ella misma se situó en la cúspide de las ciencias. Por suerte, Augusto Comte la bajó del caballo y puso en su lugar la sociología.
Hoy en día, por suerte nada de esto es así, y los problemas se resuelven desde perspectivas multidisciplinares. Cuerpo, mente y relaciones sociales están interrelacionadas y atravesadas transversalmente por la ética, por ese entramado de relaciones, obligaciones y deberes, que estructura la axiología.
Pero yo no voy a entrar en ese debate sobre si es primero o segundo los deberes y si los valores se construyen socialmente o no. Yo solo quiero hacer hincapié en esa separación de cuerpo y mente. Está demostrado científicamente que somos unos inconscientes. la mayor parte de nuestros actos así lo son. Nuestro cerebro manda miles de órdenes contínuamente a nuestros músculos y articulaciones y hacen que podamos realizar todos los movimientos que hacemos. Pensar simplemente en el momento en que subimos andando unas escaleras,...no pensamos en flexionar una rodilla para levantar un pie al tiempo que estiramos la otra para poder acceder al siguiente escalón. En ese absurdo movimiento están implicados cientos de órdenes diferentes. Nosotros subimos la escalera; pero no porque hayamos dirigido nuestro cuerpo conscientemente. Solo hemos pensado que tenemos que subir esa puta escalera.
El cuerpo actúa conforme a los mandatos de la mente; pero, ¿la mente actúa conforme a nuestra voluntad total?.
Las personas "normales", son inconscientes, como ya hemos dicho; pero, ¿qué pasa con aquellas a las que la sociedad no considera "normales"?
Una banda de inconscientes hace un baremo del resto de la sociedad, de tal forma que aquellos que no entran dentro de la franja establecida por ellos como "normal", tienen un problema y enseguida hay que solucionarlo.
Esos "no normales" eran llamados antes locos, hoy enfermos mentales y se han cclasificado en diferentes categorías con diferentes tratamientos. Medicina simple basada en una serie de drogas que estimulan o aplanan,...o como dirían ellos "curan".
Es como si la locura no fuese "normal", algo a lo que me opongo; pues a los datos me remito y cada vez hay más locos, cada vez hay más problemas socciales y mentales, que no del cuerpo. El cuerpo está bien.
Ahora bien, si "combatimos" los locos, el efecto logrado es perpetuar el estatus quo, conseguir que nada cambie, con lo que conseguiremos un mundo con un encefalograma plano, muerto o en esstado vegetativo.
Las mentes que actúan independientemente de sus ccuerpos, son mentes de otro mundo que permiten ver la realidad desde otra óptica y por tanto ofrecer soluciones al estatismo tan cómodo para lass clases altas.
Hay que estar un poco loco para sentirse vivo en un  undo de muertos, de cuerpos que piensan que controlan su mente, o de cuerpos con mentes llenas de rutina y programadas para no salir de la línea marcada.
Mi mente funciona independientemente de mi cuerpo y eso me gusta. Mi cuerpo está donde esté; pero mi espíritu está fuera de él, en otros mundos. En unos mundos que la vida es más simple, que aunque esté lloviendo todos los días no dejo de ver el sol. Mi cuerpo está solo en este mundo; pero en el de mis pensamientos está siempre acompañado y sonríe. Y esa sonrisa se trasmite a mi cuerpo, al de este mundo, al del mundo normal. La gente me mira y me ve sonriendo y piensan..está loco.

Juan Caarlos Vázquez

¡A LA MIERDA LOS DOMINGOS!

Dibujo a bolígrafo coloreado, de la época en que aún no tenía certeza de mi maravilloso estado de locura.

Es domingo, un día estúpido, caracterizado, únicamente, por ser el anuncio de mañana. Lunes, ¡por fin!. 

Vuelvo a casa, introduzco la llave en su orificio estrecho y oscuro de la cerradura y abro una puerta muda, fría y absurda. Apenas hace ruido, ¡podía chirriar un poco!; aunque seguro que si lo hiciese me molestaría e iría corriendo por el aceite que la calla. 

Me quito la chaqueta y la cuelgo en la percha del recibidor. Continúo mis pasos hacia el dormitorio, donde me espera, sobre un sillón, un pantalón y una camiseta, también inanimados y es silencio. Cambio de vestimenta y voy corriendo al salón para poner la televisión. Necesito algo de ruido. Si ruido, no presto ni puta atención a lo que dicen las noticias que escupe ese rectangular aparato. 

Tengo la impresión de que siempre es lo mismo, los mismos políticos y los mismos discursos, las mismas palabras y las mismas descalificaciones mútuas. Para mí no existe diferencia entre debates políticos actuales y los mierdosos programas marujeros de telecinco, es más, prefiero telecinco. No encuentro diferencia entre la ordinariez de Belén Estéban, "la princesa del pueblo" y las tonterías y mentiras de los gobernantes o aspirantes a ello.

Por lo visto, todos tratan de echar la mierda fuera de casa. Tienen su casa apestada de corrupción y de mierda y se la echan de uno a otro, como niños de colegio con el "pues tú más". Es un ataque a la dignidad de las personas que los escuchan, como dice Zigmun Bauman es una pérdida total y absoluta de la moralidad.

Apago la "tele" y pongo música, la que sea; pero música. Me siento en el sofá con un libro y espero que llegue mañana. ¡A la mierda el domingo y la política dominguera!.


Juan Carlos Vázquez

martes, 12 de abril de 2016

UN MUNDO POBLADO DE ESTÚPIDOS

Dímelo otra vez, cuando veas mi viejo carro de la compra, guardando puesto en la fila del Refugio, esperando el turno para recibir unos cuantos kilos de alimentos.
Dímelo otra vez, cuando me veas pagar en la caja del supermercado con un ticket de compra cargado con 150 euros para tres meses.
Dímelo otra vez, cuando me veas llorando al ver como mi hijo revuelve entre los posos de calderilla de su hucha, y no pueda sacar de mi bolsillo cinco o diez miserables euros, para darle.
Dímelo otra vez, cuando me encuentre desesperado mirando un teléfono que nunca suena, un teléfono abierto las veinticuatro horas del día esperando que alguien conteste a las cartas enviadas solicitando un puesto de trabajo.
Dímelo otra vez, cuando veas como me increpan algunos vecinos de la comunidad por no pagar las cuotas de mi miserable vivienda.
Dímelo otra vez, cuando veas que no me apetece llegar a casa, aunque esté cansado; pues hace más frío dentro que fuera en la calle.
Dímelo otra vez, aunque me veas sonriendo, es una de las cosas que me queda, la sonrisa. Por eso sonrío, porque eso tengo y no se gasta por mucho que lo use. Las lágrimas tampoco se agotan, también las derramo a placer, soy rico en ellas.
Dímelo otra vez, cuando cada fin de mes te ingresen la nómina en tu puto banco y te mires tu tripa gorda y grasienta, y tu seboso culo de silla de oficina.
Ahora dime, dímelo otra vez, dime que si no trabajo es porque no quiero, que si no trabajo es porque me dan lo que me dan.
Dímelo otra vez, me da igual, tú no me importas, eres un imbécil. Y...dímelo otra vez, no me importa, he aprendido a priorizar unos valores que hacen que quizá sea más feliz que tú, pues lo único que se me ocurre que no tengo es dinero. lo demás lo poseo todo.

Juan Carlos Vázquez

domingo, 3 de abril de 2016

EL LLANTO


Una lágrima se asoma al precipicio de mi rostro, se pasea entre las pestañas como con miedo a caer. 
Se agarra como una babosa a la piel de mi cara, dejando dibujado el camino recorrido; pero inevitablemente, acaba resbalando y precipitándose al vacío. 
Tras ella surgen nuevas gotas líquidas saladas, que con el camino ya trazado por la primera saltan de mis ojos, recorriendo el mismo camino...una tras otra.
La vista se nubla y los ojos enrojecen, no puedo parar. 
Las lágrimas se han revelado contra mi voluntad y se liberan de su encierro.
Ya no hago nada por intentar controlarlas, simplemente las dejo salir.

Juan Carlos Vázquez

martes, 29 de marzo de 2016

UN PSEUDOATEO EN LA SEMANA SANTA DE SAN ROQUE, CÁDIZ


Yo soy uno de esos católicos culturales, es decir no practicantes. Soy lo que soy porque así lo soy desde que nací, y esto es así porque lo es y no se puede cambiar. Las pautas de crianza y los dictados institucionales que han regido o que han intentado dirigir mi desarrollo han estado marcados por una serie de preceptos del cristianismo occidental. 
Me revelo contra el poder de la Iglesia Católica y soy consciente del daño que ese poder ha tenido en nuestra evolución; pero eso forma parte de otro debate situado en el polo opuesto de lo que aquí vengo a relatar.

Lo que vengo a contar es lo que siente un pseudoateo como yo en la Semana Santa de una preciosa Ciudad del Sur de Andalucía, San Roque, donde reside la ciudad de Gibraltar.
Esos pesados y preciosos pasos procesionales, cargados sobre los hombros de los costaleros, las imágenes talladas con expresiones tan humanas que parecen tener vida propia.

La Piedad, o la Virgen de las Angustias, como aquí la llaman, con su hijo en brazos, sea o no divino, expresa el sufrimiento de una madre ante la pérdida de su hijo. Lo peor que le puede pasar a una madre. 
El Cristo de la Humildad y la Paciencia, esperando su sentencia, personaje que denota unos valores casi perdidos hoy día, en un mundo estresante y estresado.
La Esperanza,... puede ser cualquier mujer, que por el mero hecho de sentirse viva mantiene la ilusion de un futuro mejor para ella y para los suyos. 
La Soleá, esa madre huérfana de hijo por la injusticia de los hombres, por las drogas o por una guerra que no es suya o por la enfermedad que lo arrancó de su lado.
El crucificado, con aspecto gitano, larga melena y acribillado a sufrimientos, con su corona de espinas y sus heridas en brazos, piernas y costado. sobre una cruz que puede ser la vida misma.
El Nazareno, el de Medinaceli,..y tantos otros, hasta catorce. Catorce pasos salieron de la puerta de la Iglesia acompañados de unas bandas de música que parecían rivalizar entre ellas para ver cual lo hacía mejor.

Los costaleros pasaban a tu lado por las estrechas y empinadas calles de la ciudad, haciéndote partícipe directo de su sudor, de su sufrimiento, de su carga, de su olor.
Por cualquier rincón, alguien salía de entre la multitud o se quedaba escondido entre ella para cantar una saeta desgarradora y cargada a reventar de arte y sentimiento a su Santo o a su Virgen. Sentías su aliento sobre tí y hacía que el vello reaccionase y que la piel se encogiese como si pequeñas descargas eléctricas la recorriesen.
Jóvenes y mujeres de largo y negro pelo piropeaban a gritos a las Vírgenes cuando se acercaban a ellas.
Aplausos a las saetas, aplausos a los piropos, aplausos a los esforzados costaleros, a las bandas de música, aplausos que te envuelven y te eliminan como mero espectador para hacerte partícipe del evento.

Penitentes encapuchados y costaleros y niños soñando con ser un día llegar a serlo, cante, gritos, llantos, lágrimas de hombres y de mujeres y de mi amigo Balti, que por enfermedad no pudo portar sobre su hombro a su Virgen de las Angustias. 

Emociones que se contagian por el aire cargado de incienso, de murmullos y de silencio, y de pasión y de vino y de sudor y de corneta y tambor.
También poesía, hermosa saeta recitada que hizo contraer la respiración y los corazones de los que la escucharon.

Semana Santa, porque así se llama, aunque podría llamarse de cualquier otra forma, qué más da. Semana en la que salen en procesión la Humildad, la Angustia, la Esperanza, la Paciencia, la Soledad, el Dolor, el Sufrimiento...sentimientos y valores no exclusivos de la religión, sino inherentes al ser humano, y yo, desde mi agnosticismo me estremezco ante esta representación encarnada por una madre y un hijo, sean o no santos, sean o no divinos, una madre y un hijo al fin y al cabo. 
Vivencia inigualable e irrepetible que es la Semana Santa en el que es uno de mis rincones preferidos de España, donde dejé mi infancia y gran parte de mi adolescencia, San Roque, Cádiz, donde reide la Ciudad de Gibraltar. 

domingo, 31 de enero de 2016

¡QUE VIENE EL LOBO,...QUE VIENE EL COLETAS!!!!

Según la wikipedia, el miedo o temor es una emoción primaria caracterizada por una intensa sensación desagradable provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o incluso pasado.. La máxima expresión del miedo es el terror. Además el miedo está relacionado con la ansiedad.

Por tanto, no es necesario que ese peligro sea real, basta con la simple percepción, con la mera posibilidad de que algo suceda. Esto ha sido usado desde la antigüedad como instrumento al servicio de intereses concretos. Desde los antiguos chamanes trivales hasta las institucionalizadas religiones actuales, la muerte y la postmuerte, se han utilizado para controlar las mentes de los vivos y así poder ser usados como objetos de valor para el desarrollo de sus fines privados. Todos sabemos que la muerte es real y lo es porque sucede; aunque lo que sucede no es la muerte en sí; sino el fin de la vida. Quiero decir con esto que la realidad palpable es la vida, no la muerte. la vida es un proceso determinado y desarrollado en tiempo real, la muerte no es nada, es solo la ausencia de vida. Si alguien se muere es porque previamente ha estado vivo.

Resumiendo, que es gerundio, lo que nos puede dar miedo es la vida, ya que de esta tenemos plena conciencia. Pues bien, aquí es donde las religiones han hecho su agosto al presentarnos esa "otra vida", que llaman ellos, como algo tenebroso si no hacemos lo que ellos dicen que hagamos en la vida real, por lo que se basan en el miedo, más aún si esa otra vida no tiene fin. Debe ser realmente terrorífico estar toda la eternidad quemándote los huevos en el infierno, sabiendo que no va a tener fin dicha tortura.

Al dotar de realismo lo desconocido e interiorizarlo, el miedo está ya institucionalizado, ya podemos decir que el miedo existe y así las empresas del miedo pueden ya realizar su labor. La religión y la política tienen carta libre para actuar.

En occidente, predominantemente católico y liberal, hay dos infiernos comandados por lucifer y Hugo Rafael Chávez Frías. El primero es una invención para reforzar lo desconocido, el segundo es, bueno fue, una

persona real, de carne y hueso. Así, la maquinaria política liberal nos presenta a este señor, o mejor dicho a su modo político, el chavismo, como el "coco", como la hidra de un occidente capitalista perfectamente ordenado y estructurado.


Así el miedo al chavismo es usado por la derecha española y por la pseudoderecha (PSOE y C´s), como amenaza al orden establecido y utilizan todas sus armas para arrojar sobre nuestras cabezas este absurdo mensaje del miedo. Pero lo importante no es que nosotros, el pueblo, los pobres interioricemos ese miedo; pues cuando no se tiene nada nada pueden quitarte. Como dice un amigo mío, lo más que le pueden hacer es despeinarlo, y eso no le da miedo. No somos nosotros quienes tenemos miedo; sino ellos, los propios políticos. Miedo a que se les acabe su estatus quo, a que algún chavista, que dicen ellos, le desmonte el chiringuito y es precisamente eso lo que nos quieren transmitir, para que seamos nosotros quien les liberemos de ese miedo de ellos y hagamos lo que ellos por si mismos no pueden hacer sin recurrir a la fuerza y la violencia.